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atogaki
#3 - Asesina de bandidos
Slayers Special #1 - El príncipe de Saillune

A continuación podréis encontrar la traducción al español del tercer capítulo de la primera novela de la saga Slayers Special, ロバーズ・キラー (robbers killer), en el que Lina sigue con sus primeras aventuras conocidas en solitario.

La traducción está hecha directamente desde el japonés, usando como base los scans de la propia novela y utilizando para las imágenes todos los scans disponibles, tanto de su publicación original en la Dragon Magazine en Mayo de 1990 así como su posterior recopilación en novela, tanto en edición física como digital.

Traducción, adaptación y revisión: shansito
para Lost Slayershttps://www.lost-slayers.net

Todo lo perteneciente a Slayers es © Hajime Kanzaka, Rui Araizumi, Kadokawa Shoten y otros, según proceda.

Proceso de traducción: 34/34 - 100% capítulo completo

 

Asesina de bandidos

Una sombra negra se movía en la oscuridad. Los hombres entraron a la habitación a toda prisa. Algunos llevando ya en la mano unas espadas bastante grandes.

—¡Flare Arrow! —grité y, simultáneamente, una serie de numerosas flechas de fuego aparecieron delante del grupo de hombres, que se detuvieron al instante—. ¡Adelante!

Y todo acabó en un momento. No hay que subestimar a la guerrera y hechicera Lina Inverse. ¿Cuántas veces me habrán atacado por la noche? Y nunca estoy desprevenida. Es cierto que cuando atacaron aún me encontraba en la cama, pero no soy precisamente débil. Lo normal hubiera sido situarse en posición de contraataque con la espada, pero yo soy algo más hábil e imaginativa que eso.

Y en cualquier caso... todo cambia cuando tu oponente es una hechicera. Y con ese hechizo me había asegurado que no me fueran a molestar por un buen rato. Acababa de hacerme cargo de un grupo de asesinos. Había comenzado a conjurar el hechizo en cuanto me despertó una sensación de ansia de sangre que notaba al otro lado de la puerta. Y aún así, en cuanto me encargué de ellos eché a correr...

¡Elena-san, que estaba en la habitación contigua, se encontraba en peligro!

Salí de la cama, recogí mi capa, mi espada y el saco con mis otras pertenencias, y salí corriendo al pasillo. Y allí, justo delante mía, se encontraba un hombre todo vestido de negro. Se oía el ruido de choque de espadas desde la habitación de Elena-san.

—¡Sal de mi camino! —grité corriendo hacia el asesino y sacando la espada de la vaina.

—... ¿eh?

A pesar de haberle avisado, le pilló totalmente desprevenido. Y, al momento siguiente, se encontraba con mi pie golpeando su estómago. El asesino se derrumbó en el suelo, soltando su espada. Un ataque preventivo es la mejor forma para debilitar de manera efectiva a cualquier persona. Y en el caso de usarse contra enemigos es aún más efectivo.

Me adentré deprisa en la habitación de Elena-san. Por suerte, todo estaba en calma. Lo que significa que se encontraba sentada en la cama, habiendo esquivado las espadas de dos asesinos, lo cual es toda una hazaña. No es precisamente algo que se vea todos los días. Era una visión que podría dejar desconcertado a cualquiera... pero no podía permitirme no hacer nada. Después de todo, esta chica era mi cliente.

—¡Dig Volt!

El trueno fue atraído por las hojas de las espadas de los dos hombres, golpeándoles a ambos. Pensado originalmente para causar pequeñas heridas no mortales, la técnica hizo que ambos asesinos perdieran el sentido rápidamente.

—¡Gracias, Lina-chan!

—¡Aún es pronto para eso! ¡Recoge tus cosas y salgamos corriendo de la posada!

Tanto la puerta de mi habitación como la de la suya se abrían con unas llaves muy específicas. O bien alguno de los asesinos tenía buena habilidad como ladrón, o los encargados de la posada estaban involucrados de alguna manera...

En cualquier caso quedarse aquí ya no era seguro. Las dos salimos corriendo por el pasillo. Cuando llegamos al vestíbulo, que también hacía las veces de cafetería, encontramos con un grupo de unos diez hombres vestidos de negro.

—¡Cierra los ojos! —le grité a Elena-san, sin esperar que me respondiera. —¡Luz!

Con los ojos cerrados, lancé mi hechizo. El hechizo Lighting permite reducir la intensidad del foco de luz, así como su duración. Y viceversa. El que usé esta vez, ¡era instantáneo y tenía triple intensidad! Los asesinos gritaron. La luz era tan potente que cegó a todos los hombres.

En cuanto la luz se extinguió comenzamos a movernos por la habitación entre los cegados y confusos asesinos hasta que alcanzamos la puerta principal, por la que salimos. A nadie se le ocurriría que pasaríamos directamente a través de la emboscada.

Comenzaba a haber algo de luz cuando salimos a la calle principal. Seguimos corriendo hacia la costa, a la que llegamos respirando con dificultad. La luz del faro acababa de apagarse, y podía verse una línea carmesí en el horizonte. Estaba amaneciendo en la ciudad portuaria de Raulua.

—¡Mira! —escuché decir a Elena-san, haciéndome volver a la realidad tras haber quedado impresionada por las vistas.

Seguí con la vista la dirección en la que Elena-san estaba apuntado con su dedo. Y vi unas llamas elevándose en medio de la ciudad. Justo donde se encontraba nuestra posada.

¡GAAAAAAAA!

A... ¡aaaaaah! Ya sabía yo que usar un Flare Arrow sería una mala idea... ¡pero ya no podemos hacer nada!

—¡¿Pero qué han hecho esos?! —grité—. ¡Le han prendido fuego a la posada!

¡Está claro! ¡Esto ha sido cosa de ese grupo de malvados, Lobo Oscuro!

Mi trabajo actual consiste en encargarme del grupo de bandidos conocido como Lobo Oscuro. Aunque la paga no era mucha, acepté humanitariamente este trabajo por dos razones. La primera, que me encantaba acabar con la existencia de los malvados. La segunda, que no podía permitir que se llamasen de manera tan común como Lobo Oscuro. Aunque hubiera podido ser un nombre popular hace décadas, ¡algo así ya está muy pasado de moda!

... de acuerdo, reconozco que esta enumeración de razones no parece muy humanitaria, pero es muy magnánimo no pararse a preocuparse por asuntos tan nimios.

En cualquier caso, la tarde del día anterior había llegado a la ciudad, donde este grupo tiene su base de operaciones, acompañada de mi cliente, Elena-san. No sabemos en qué parte de la ciudad pueda encontrarse esa base, ni por dónde podemos empezar a investigar... salvo por el ataque recibido la pasada noche por parte del grupo de asesinos. En alguna parte de esta ciudad, por lo que parecía, se encontraba un buen número de miembros de este grupo.

Mi cliente, Elena-san, aparentaba poco más de veinte años y tenía un hermoso pelo moreno, y por alguna razón era una chica que me recordaba bastante a cómo era mi hermana. De la cadera le colgaba una espada larga que no parecía conjuntar con su aspecto, pero lo cierto es que sabía usarla bastante bien. Y aunque acepté su petición personal de encargarme del grupo de bandidos, preferí no preguntarle las razones que tenía para ello. Todas las personas tienen una o dos razones para hacer las cosas. Y si se quieren conocer, habrá que esperar a que la persona las diga.

—Esto... debe terminar pronto... —comencé a decir, pero me detuve a media frase.

Las casas junto a la posada estaban también en llamas. La gente miraba en silencio. Con el Sol elevándose sobre la línea del horizonte comenzaba a aumentar la luminosidad, y soplaba una ligera y fresca brisa marina. Fue entonces cuando me di cuenta. Aún llevaba puesto el pijama a lunares, sobre el que tenía colocada la capa.

—¡¿Pero por qué a mí?! —dije a voces, encontrándome en plena calle principal.

En cuanto a Elena-san, se encontraba contemplando la situación con una expresión seria. Había sido una táctica de distracción.

Ya era momento de retomar la búsqueda de información sobre la base de operaciones de Lobo Oscuro. Simplemente quedándonos ahí sin hacer nada no sonaba muy estratégico. El plan era atrapar a alguno de los asesinos y forzarle a revelar la localización de su base. Y ahí nos encontrábamos, bajo la luz que bañaba la ciudad portuaria, una joven hechicera con su capa negra ondeando al viento (por supuesto, y para que conste, ya me había cambiado de ropa), y una guerrera con su espada larga. Era una curiosa combinación que atraía las miradas de todos. Y en parte ésta era la reacción que estábamos buscando por su parte.

Veamos...

—Y bien... perdone, ¿qué puede visitarse en esta ciudad?

Ésa era una reacción que seguro que no esperaban muchos. De esa forma nos dirigimos hacia dos hombres de piel bronceada bajo la brisa. Seguramente daríamos la impresión de ser turistas de alguna zona del interior. Era cierto que no había mucho tiempo que perder, pero ésta sería una buena forma de conseguir información.

—Es que somos nuevas aquí y no sabemos a dónde ir.

A propósito, tratábamos de actuar y tener la voz aguda de chicas jóvenes para que nos hicieran más caso.

—¿Ah, sí? Entonces nosotros os guiaremos. Seguidnos.

—Gracias, nos habéis salvado. Estábamos muy preocupadas, ¡ya que en esta ciudad se encuentra la base de operaciones de Lobo Oscuro! —dije.

Y de repente se hizo el silencio... tanto la gente que pasaba cerca como la mujer del puesto de venta de flores... todas las conversaciones se detuvieron en un instante. El hombre de tez oscura al que me había estado dirigiendo palideció de pronto y retrocedió unos pasos.

—No... yo no sé... —comenzó a decir con voz temblorosa —. ¡¡Yo no se nadaaa!!

Los dos hombres salieron corriendo a toda velocidad. Y junto con ellos, desaparecieron todos los viandantes que se encontraban en los alrededores.

—Vaya... se ha ido todo el mundo, Lina-chan.

—Pues sí... eso parece.

Así es como comienza nuestra estrategia. Realmente sólo es cuestión de tiempo. En cualquier calle donde los viandantes desaparezcan rápido, acabarán apareciendo tipos extraños. Pues bien.. ¡Finalmente, ha llegado el momento de poder mis hechizos de ataque preferidos!

... ya iba siendo hora de variar un poco.

Un camino de piedras blancas seguía la línea de la playa azulada. Todas las casas que se alineaban en el mismo eran las segundas residencias de unos y otros. Aún cuando la luz del atardecer comenzó a bañar el camino, aún no había ningún viandante. Éste era un lugar donde nadie pasaría meramente por casualidad... aunque ésta era una situación algo aburrida, a decir verdad.

Y entonces, un grupo de cinco hombres vestidos totalmente de negro aparecieron de imprevisto, bloqueando nuestro camino.

—Según parece, estáis buscando la base de operaciones de Lobo Oscuro —dijo uno de ellos, el que parecía que era el líder de este grupo de asesinos. A ninguno se les veía la cara.

—Pues sí, eso es cierto —dije con una ligera sonrisa—. Si sabéis donde se encuentra, ¿quizás podríais servirnos de guía?

—... qué decepción —dijo otro de los hombres del grupo, tras lo que los cinco, simultaneamente, desenvainaron sus espadas—. Ciertamente sabemos dónde se encuentra... y nosotros, los hermanos Zores, os haremos llegar allí... ¡o haremos llegar al infierno!

Por supuesto, si en esta situación se me hubiese ocurrido lanzar abruptamente un Fireball o algo parecido todo habría acabado en un momento, pero no habríamos obtenido información sobre la localización de la base de operaciones. Por lo que, para empezar, tendría que bastar con debilitar el poder de ataque del enemigo.

—¡Vamos!

El grupo de hombres se lanzó al ataque. Elena-san y yo desenvainamos las espadas.

Los asesinos se dispersaron y nos rodearon formando un círculo. La chica y yo nos encontrábamos espalda con espalda, con las espadas preparadas.

—Vaya cómo brillan esos ojos. ¡Contemplad la técnica secreta de los hermanos, el baile de la muerte!

Los hombres comenzaron a girar a nuestro alrededor en círculo, con poca distancia entre las espadas de unos y otros. En el interior del círculo, las dos comenzamos a movernos para seguir el mismo patrón de acción de los asesinos. La velocidad a la que los hombres iban girando fue aumentando gradualmente. Al tener todos la misma constitución física y la misma vestimenta, creaban una curiosa ilusión óptica. Y así sería muy difícil saber de dónde podría venir un ataque con la espada.

Sin embargo, ésta era una situación más que propicia para utilizar un hechizo de ataque, así que comencé a conjurar un pequeño hechizo.

Pero en ese momento...

—¡Gah!

Uno de los hombres vestidos de negro de repente dió un gemido y cayó al suelo.

—¿Pero qué?

—¡Hermano! ¡Aguanta!

Los otros cuatro hombres se acercaron corriendo al caído. Nosotras estábamos totalmente desconcertadas por lo que estábamos contemplando.

—No hay nada que hacer... le ha dado uno fuerte...

—¡No puede ser! ¡¿Por qué?!

—... tiene el corazón débil...

¡¿EEEEEEEH?!

Tanto Elena-san como yo nos caímos de culo.

—Aaaah... es cierto que nos dijeron que tenía el corazón débil...

—Y que no debía hacer demasiado ejercicio al aire libre.

¡Cómo puede ser un asesino si padece del corazón!

—Pero estoy seguro de que nuestro hermano no se arrepiente de nada.

Seguro, seguro...

Los cuatro se levantaron y se giraron, con fuego ardiendo en sus miradas.

—... ¿cómo os habéis atrevido a hacer eso, malditas muchachas?

—¡Nosotras no hemos hecho nada!

—¡No digas impertinencias! ¡Prepárate, enemiga de nuestro hermano!

... no sé bien a qué se referirá con eso de impertinencias, si eso tendría que haberlo dicho yo en todo caso, ¡si las buenas somos nosotras dos! Ésta no es manera de tener una conversación.

Los hermanos comenzaron a girar a nuestro alrededor siguiendo un mismo patrón. No son gente con la que quisiera que me relacionaran.

—¡Tomad esto! ¡Mega Brand!

Estando Elena-san y yo en su centro, se dibujó un anillo en la tierra a nuestro alrededor que, en cuanto uno de los hombres lo pisó, los hizo salir volando por los aires. Fueron derrotados sin ningún problema.

—¡Guaaaaargh!

Pero todo lo que sube acaba bajando, y junto con la tierra y la arena, acabaron estampándose en el suelo. Esta técnica no es lo bastante fuerte como para matar, pero sí lo suficiente como para que los enemigos no puedan seguir peleando. Es momento de una pequeña pausa.

—Bueno, ahora podemos tomárnoslo con más calma, ¿verdad?

Había atado a todos los hombres juntos fuertemente con una cuerda, y les miraba con una fuerte sonrisa.

—Ahora os va a tocar hablar. Si no... —dijo Elena-san con voz amenazante, que hubiera hecho correr a cualquier hombre. Tenía en el rostro una sonrisa que le hacía parecer otra persona.

—Si no... ¿qué podría pasar? ¿Qué podrían haceros dos preciosas señoritas que os han atrapado? Ya basta. En cualquier caso, como aliada de la justicia, mi deber es acabar con los malvados grupos de ladrones, sea como sea.

La voz de los cuatro hombres se elevó a la vez en una gran carcajada.

—No quisiera que nos malinterpretáseis...—comencé a decir mientras me rascaba la cabeza. —Yo no soy como ella, al menos no en eso de ser una “aliada de la justicia”. Pero sí que no me gustan los malos tipos.

—Ja, la señorita se cree que solo porque se ponga unos trapos de hechicera nos va a dejar mudos por el miedo.

—Hmmm...—decidí que quizás hacía falta un cambio de estrategia y usar mi notoriedad. Prefería no tener que hacerlo, pero...

—Dejadme entonces haceros una pregunta, ¿habéis oído por un casual los rumores sobre Lina Inverse?

Se quedaron un poco confundidos por el repentino cambio de tercio, pero uno de ellos respondió.

—Sí claro, son meros rumores. Es una hechicera enemiga acérrima de grupos de bandidos. Se dice que, hace tiempo, su familia fue asesinada por un grupo de bandidos. Es apenas una cría no muy mayor y... y...—se fue apagando poco a poco la voz del hombre.

Un tenue color de miedo apareció en su mirada. Seguramente os hayáis dado cuenta de la tontería que había dicho. Es cierto que la mayoría de rumores suelen tener cierta verdad, pero... ¿qué es eso de una familia que murió? ¡¿Cómo que toda la familia fue asesinada por un grupo de bandidos?!

Aunque no había ninguna razón para no aprovecharse de este malentendido.

—Te pareces... al asesino de mi hermano...—dije fríamente.

Por cierto, no tengo ningún hermano. Sí que tengo una hermana mayor. Pero el farol funcionó. Los cuatro hombres gritaron al unísono.

—No... no puedes creer eso...

—¡La asesina de bandidos, dra-mata Lina!

—¡Por favor, espera! ¡Hablaré! ¡Diré lo que quieras, pero no me conviertas en un ingrediente para quimeras!

—¡Te lo pido! ¡No me importa lo que me ocurra a mí, pero perdona a mi familia! Mi mujer y mi hija no tienen nada que ver con esto.

—¡Por favor, detente! ¡Para... para... para!

Ugh... vaya sarta de tonterías. Me pregunto qué clase de rumores se dicen sobre mí... aunque prefiero no saberlos. ¡Ni que fuese un gran señor del mal!

—Vamos a empezar siendo honestos.

No es que me apeteciera mucho, pero la prioridad era hacerles hablar. Decidí que lo mejor sería dar la sensación de ser una fría hechicera.

—Por cierto... dejando a un lado eso de “asesina de bandidos”, ¿qué es eso de “dra-mata”?

—Pues que...—empezó a decir tímidamente uno de los hombres. —... los dragones pasan de largo al verte...

POM

Mi codo fue directo a la cabeza del hombre.

 

—Ya veo... estoy segura de que nadie pensaría que ésta es la entrada.

Elena-san y yo estábamos observando la majestuosidad blanca que teníamos delante. Un faro en el cabo.

La puerta de la entrada llevaba a un muro interior, y entre éste y el muro exterior se encontraba una escalera de espiral que ascendía hasta el puesto de observación. Pero en el muro interior había un pasadizo que llevaba al cuartel subterráneo de Lobo Oscuro. No es precisamente un lugar típico para el cuartel de un grupo de bandidos. Además, podía ser utilizado como torre de vigilancia para observar la ciudad desde lejos.

—Bueno, lo suyo sería utilizar un vistoso hechizo de ataque para hacer saltar por los aires el faro y enterrarlos vivos a todos...

—Nada de eso...

Hablaba en un 80% en serio, pero me respondió muy firmemente con voz queda. Aún estábamos contemplando el faro.

—Tengo que encargarme de su jefe con mis propias manos.

Ya me imaginaba que habría una razón. Dejé escapar un suspiro.

—¡En cualquier caso, no nos queda otra que darnos prisa!

 

Un musgo brillante a cada lado del muro y en el techo daba una luz ténue a todo el pasadizo. El frío y húmedo aire olía a hierro oxidado. Según los hermanos, a quienes habíamos dejado en una calle en mitad de la ciudad con pintadas por sus caras, esto eran los restos de un almacén que usaba una caverna subterránea, que había sido unida a la base del faro tras unas renovaciones en las que se cavó un túnel. Un trabajo ciertamente duro.

—¿Oh?

Elena-san y yo nos detuvimos a la vez.

—El aire...

—... hay corriente...

Sin decir nada más, ambas nos pusimos a examinar el muro cercano.

—¡Aquí está! —dije alzando la voz.

Parte del muro cubierto por musgo brillante tenía vetas negras. Más o menos del tamaño de una puerta. Inspeccionándolo de más cerca, encontré lo que parecía ser algún mecanismo de apertura y cierre camuflado a mis pies. No es muy original, pero así la historia avanza más rápido. Al activar el mecanismo, la puerta se abrió lentamente hacia el interior. Las dos entramos y nos pegamos a los muros a ambos lados de la puerta, esperando a poder ver algo del interior. Eché un vistazo. Era una habitación pequeña con una puerta en el lado derecho.

—No parece que haya nadie aquí...—dije mientras entraba en la habitación. Elena-san me siguió.

—Nunca se sabe qué tipo de trampas puede haber. Ten cuidado y sígueme—comencé a decir...

POM

Hubo un sonido sordo. Parte del muro comenzó a sobresalir hacia donde me encontraba. Originalmente, esta parte del muro se supone que debería aplastar a los intrusos, pero o bien la trampa estaba pobremente hecha o estaba deteriorada, y ahora no había ningún peligro al caminar al lado.

¡Pero entonces!

—¡Cuidado, Lina-chan! —sorprendida al ver la trampa, Elena-san se lanzó contra mí.

—¡Oye! ¡Ten cuidad...!—empecé a decir, tropezando unos pasos.

POM

Bajo mis pies se abrió un pozo.

—Vaya.

Fui cayendo por el abismo mientras veía a Elena-san tapándose la boca con una mano.

—¡Cómo que “vaya”! ¡Berenjena idiotaaaa!

Mi grito desapareció en la oscuridad.

—¡Perdón por la espera!

Cuando regresé sin mayor problemas, me encontré a Elena-san en mitad de una confrontación contra unos cienos que hacían las veces de perros guardianes.

—¿Estás bien, Lina-chan?

—¡Por supuesto! —dije sonriendo y guiñando un ojo.

Las espadas no funcionan contra los cienos. Pero parecía estar utilizando algún tipo de poción mágica. En cuanto les echaba por encima un poco de polvo de la poción, los cienos se retiraban a toda prisa. Sin duda funcionaba.

—Es increíble... pero, ¿qué tipo de poción es?

—Es sal. —respondió sin más.

Me quedé sin saber qué decir.

—Estamos en una ciudad portuaria, ¿no? La conseguí muy barata y pensé que podría ser útil... ¿qué ocurre, Lina-chan?

No pude sino acurrucarme sujetándome la cabeza ante la idea que cambió por completo mi concepto de los cienos.

 

Podía decirse que avanzábamos sin parar. Golpeando, pataleando, derrotando innumerables cantidades de bandidos, extendiendo la ruina y la destrucción, ¡sigue así como siempre, Lina Inverse! ... y como siempre suele ocurrir así, es normal que acaben saliendo los rumores que hay sobre mí.

Soy consciente de ello. Pero mi lema es “sé consciente pero no reniegues de ello”.

 

En cualquier caso, ya era hora de poner firmes al grupo de bandidos conocido como “Lobo Oscuro”. La tensión aumentaba ante la gran puerta.

—... es aquí, ¿verdad?

Elena-san confirmó mi pregunta en silencio.

—Voy a abrir.

—Antes de seguir, déjame recordarte una vez más que yo me encargaré de su jefe, Lina-chan.

—Lo entiendo.

Empujé lentamente la puerta. Ésta se abrió más fácilmente de lo que pensé.

 

—Has venido.

Había un hombre esperando a solas en una gran habitación monótona. Alto y rubio, algo que suele ir de la mano, con un aspecto feroz y ágil que recordaba a un tigre. Llevaba colgada al cinto una cimitarra desnuda que emitía un curioso brillo.

—Te he encontrado, Thiss.

—... ¿eh? —dije involuntariamente al escuchar las palabras de Elena-san.

—Debí haberlo esperado, cuando me dijeron que había una chica husmeando aquí y allá... lo pensé, pero...—dijo el hombre llamado Thiss, con una extraña sonrisa.

 

Esto... si pudiera ser, no quisiera que estos dos siguieran con su conversación por su cuenta...

 

—Desde el principio sabía que no eras un chico bueno ni obediente, pero jamás pensé que serías el tipo de persona que llegaría a encabezar un grupo de bandidos.

Pude notar la tristeza en las palabras de Elena-san.

—¿Por qué estás haciendo esto...?

—Simplemente pasó así. Era el cabecilla de un grupo de niños traviesos, comportándonos como si fuésemos fuera de la ley. Para cuando quise darme cuenta, me había convertido en el cabecilla de un grupo de bandidos. No tuve elección.

... menudo niño consentido...

Pero bueno, ya sabía lo que ocurría. Un hombre y una mujer que habían sido amigos de la infancia. Pero el hombre había tomado un mal camino y había acabado siendo el jefe de un grupo de bandidos. Desesperada, la mujer quiere acercarse al hombre. No por intentar persuadirle, sino por sus recuerdos.

—¿No vas a volver a ser un buen hombre?

—Ahora ya no puedo hacer eso. —dijo Thiss sonriendo para sí.

Escuchando la respuesta, Elena-san suspiró profundamente.

—Entonces tenemos que resolver esto...

—... eso parece...

De repente ambos salieron corriendo el uno hacia el otro. Brillaron dos espadas. Mientras bloqueaba el ataque elevado de la espada de Thiss, Elena-san intentó darle una patada, pero Thiss la esquivó saltando hacia atrás. Su cimitarra bloqueó el ataque con el que ella continuó. Durante un rato siguieron atacándose y defendiéndose.

Yo me limitaba a verles pelear, mientras me encargaba de los bandidos de tres al cuarto que aparecían de cuando en cuando.

Sus habilidades estaban muy a la par. Pero a ambos les faltaba técnica. La vacilación de sus acciones hacía que sus espadas pareciesen no tener filo. Seguramente ni siquiera se estaban dando cuenta. Pero aún así, esto puede tener un claro final. Aunque ambos estuviesen muy a la par en cuanto a habilidad, Thiss tenía mayor resistencia física y fuerza que ella. Cada vez que sus espadas chocaban, los golpes de Elena-san iban perdiendo fuerza y velocidad. Cada vez se la notaba más fatigada, y poco a poco fue pasando a movimientos únicamente defensivos. Se le notaban gotas de sudor en la frente. Sus piernas empezaban a flaquear...

KIN

Su espada saltó por los aires. Al mismo tiempo, tropezó y cayó al suelo. Se acabó. Thiss levantó la cimitarra sobre su cabeza... y su mano se detuvo. Así se quedó el tiempo suficiente como para que un pequeño reloj de arena se hubiese gastado. Podías ver claramente sus sentimientos. No podía matarla.

Muy bien.

—Bien, bien, hasta aquí hemos llegado. —dije mientras aplaudía. Thiss-san dirigió su mirada hacia mí, soltando un suspiro de alivio. —Aunque las cosas hayan salido así, realmente no quieres ser el cabecilla de unos bandidos, ¿no?

—... bueno... supongo que ésta puede ser una buena forma de morir...—dijo, riéndose irónicamente. Elena-san se levantó y nos miró a ambos.

—Entonces deja de ser cabecilla del grupo de bandidos.

—No es tan fácil. Incluso si dijera “lo dejo”, no es como si todos mis subordinados fuesen a decir tranquilamente “de acuerdo”.

—No pasa nada. ¡De alguna manera haremos algo! —dije señalándome al pecho.

—... ¿cómo...?

Le respondí con un hechizo.

—¡Elmekia Lance!

Una lanza de luz apareció en el aire y atravesó el pecho de Thiss.

—¡Aargh!

Salió volando por los aires y chocó contra el muro, quedando inconsciente.

—¡Noooo! ¡¿Qué es lo que le has hecho a mi Thiss?!

Elena-san me agarró del cuello y empezó a zarandearme.

—¡Argh... no... Ele...-san... me ha... dañ...

Al final conseguí que me soltara y empecé a toser. Qué dolor...

Finalmente se había dado cuenta de sus propios sentimientos. No quería perderle.

—No está muerto, no está muerto. —dije. —Lo que acabo de utilizar se llama Elmekia Lance, que ataca desde el Plano Astral absorbiendo la vitalidad del espíritu de... mejor olvida eso, es muy complicado. En resumen, Thiss-san está temporalmente debilitado y sólo está inconsciente. Si alguien le cuida diligentemente, se encontrará bien en menos de un mes.

Me miró con cara como de no estar entendiendo nada.

—Escucha atentamente. Viniste aquí para rescatar a tu amigo de la infancia, que fue secuestrado por un grupo de bandidos. Impedimos que el jefe le utilizara como un doble, y derroté al jefe de la banda. Se encuentra débil porque se negó a cooperar con los bandidos y no le daban de comer. Bueno, eso es lo que haremos. Y si Thiss se acaba dando cuenta, habla con él. Por supuesto habrá gente que no se lo termine de creer, pero entonces diles “¿crees que Lina Inverse tendría piedad del líder de unos bandidos?”.

—Pero aún así, sería raro que el cuerpo del líder de la banda nunca fuese encontrado, y que fuese rescatado un hombre que tuviera exactamente su misma apariencia...

Ante las palabras de Elena-san, saqué pecho.

—En ese caso, lo único que tenemos que hacer es crear una situación en la que no fuese extraño que nunca se encontrase el cadáver del líder de la banda. Es fácil.

 

—¡Repentino Drag Slave!

Una gran explosión en la colina. Los árboles fueron arrancados y apareció un gran agujero en la tierra.

Por favor, cuidad la naturaleza.

Una avalancha de roca y arena cayó sobre las instalaciones de la cueva subterránea. Y así... la base secreta del malvado grupo de bandidos “Lobo Oscuro” quedó destruida.

—Oye, Elena-san. —le dije, estando ella sujetando el cuerpo de Thiss-san. —Si Thiss-san se entera de esto, dale un mensaje de mi parte. Dile “si intentas engañar de nuevo a Elena-san, convertiré cada hebra de tu pelo en ceniza”.

—...suena muy creíble cuando lo dices así...

Sonrió un momento, pero la seriedad volvió a su cara e inclinó la cabeza.

—Lina-chan... gracias, de verdad...

—... ¿eh?

Tenía lágrimas en los ojos. Ya estaba agradeciéndomelo de nuevo...

—Sí, sí, no es nada.

Aparté la mirada y le di una pequeña bolsa de cuero que cogí de uno de mis bolsillos. Estaba llena de monedas de oro.

—... ¿eh? —dijo Elena-san, abriendo mucho los ojos.

—Enhorabuena. Considéralo un “felicidades en vuestro nuevo comienzo”. Descuida, he deducido el pago de la tarifa de la solicitud. —dije rápido intentando no emocionarme.

—Pero, es mucha cantidad... no puedo aceptarlo, estás perdiendo mucho...

—Está bien, está bien. Aunque no lo parezca, tengo bastante. Además, necesitarás bastante por adelantado para cuidarle durante todo un mes. Venga, acéptalo con una sonrisa.

Bajó la cabeza en silencio.

Al final sí que me emocioné.

 

Los rumores de la destrucción de Lobo Oscuro se extendieron rápidamente. Me encontraba en una pequeña posta a diez días de distancia de Raulua cuando escuché los rumores. Hasta ese momento el lord de la ciudad no se había atrevido a actuar contra los bandidos, pero a partir de ese momento se concentraron en darles caza, desenterrar el cuartel subterráneo y confiscarles los tesoros con los que se habían hecho los bandidos. Sin embargo, el tesoro que se encontró fue apenas una pequeña parte, parecía que la mayoría no se encontraba, quizás estuviese enterrado en alguna otra parte.

Fue una historia de nueva oportunidad, todo un logro. No volví a escuchar nada de esos dos. Si la verdad se hubiera sabido, la gente no pararía de hablar de ello. Pero no escuché nada al respecto. Me pregunto qué tal les irá.

Seguramente Elena-san no se dio cuenta de lo que yo había estado haciendo desde el momento que nos separamos cuando caí al pozo y hasta que nos volvimos a reunir.

Me encontraba en la habitación de una posada, perdida en mis pensamientos. Mientras clasificaba los tesoros con los que me había hecho del cuartel de “Lobo Oscuro”.

Asesina de bandidos - FIN

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