Lost Slayers
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#4 - La batalla épica para recuperar el tesoro
Slayers Special #4 - La conspiración de la Asociación de Hechiceros

A continuación podréis encontrar la traducción al español del cuarto capítulo de la cuarta novela de la saga Slayers Special, 財宝奪回大作戦 (zaihou dakkai tasaku-sen).

La traducción está hecha directamente desde el japonés, usando como base los scans de la propia novela y utilizando para las imágenes todos los scans disponibles, tanto de su publicación original en la Dragon Magazine en Agosto de 1992, así como su posterior recopilación en novela, tanto en edición física como digital.

Traducción, adaptación y revisión: shansito
para Lost Slayershttps://www.lost-slayers.net

Todo lo perteneciente a Slayers es © Hajime Kanzaka, Rui Araizumi, Kadokawa Shoten y otros, según proceda.

Proceso de traducción: 11/33 - 33% en proceso

 

La batalla épica para recuperar el tesoro

No podía apartar la vista.

¡Deliciosas gambas en crema, teriyaki de pavo al estilo Clarents, etcétera, etcétera...! Espléndidos platos, uno al lado del otro, cubrían toda la estrecha mesa.

... aaaah ♥ ¿qué hago? ♥

—Lo cierto es... que quisiera pedirte algo, tan solo que recuperes cierto objeto de cierta persona.—dijo el anciano de aspecto elegante que se encontraba al otro lado de la mesa. Aunque tendría unos 60 años no parecía tan mayor, y tenía una cara delgada con una eterna sonrisa.

—Ya...—apenas pude decir mientras no dejaba de mirar los suculentos platos.

Cuando llegué a esta ciudad recibí la invitación de Crule-san, vice-presidente de la Asociación de Hechiceros, que era quien se encontraba ante mí.

En cuanto llegué a la casa y vi la mesa, sabía que no había nada que hacer contra lo que veían mis ojos...

Pero aún no había escuchado ningún “adelante, que aproveche”.

... ah... la comida se va a estropear...

—No hace mucho descubrí algunos artefactos en las ruinas de una montaña cercana, y ahora esos artefactos han sido robados. Lo cierto es que creo saber quién es el culpable, pero no tengo ninguna prueba de ello. Además, preferiría no hacerlo público, debido a que la persona que creo es responsable es... el otro vice-presidente de la Asociación de Hechiceros.

—... ya veo...—dije, mirando mi bebida.

—Básicamente eso es todo lo que ocurre, pero si estás dispuesta a aceptar el trabajo, podemos hablar más después de la comida...

—¡Claro que acepto! —dije sin pensarlo.

En cuanto me escuchó, Crule-san sonrió.

—Oh, gracias. Entonces... no es mucho, pero por favor, disfruta de la comida.

—¡Que aproveche!

Y así acepté el trabajo por la justicia, el honor, y un poco de apetito.

 

—Ya veo. Así que en esencia es eso. —dije mientras tomaba un poco de leche caliente tras la comida.

Mientras comíamos el viejo Crule me contó la “historia detallada”, pero a decir verdad, no era muy diferente de lo que ya me había contado antes. A grandes rasgos es como ocurre en cualquier otro país, los objetos excavados se convierten en propiedad de quien los excave. Objetos excavados suena bien, pero realmente no dejan de ser “tesoros”. Aunque no estén hechos de materiales caros, tienen mucho valor como obras de arte o para investigaciones. Siempre hay entusiastas que quieren hacerse con ese tipo de objetos, sin importarles su procedencia.

Ha tiempo, no recuerdo si en Elmekia o en algún otro sitio, se promulgó una ley de protección cultural que decía “todos los objetos excavados deben permanecer en el país”, pero de repente hubo un repunte en el robo de tumbas, así que la ley tuvo que ser retirada enseguida. Otra cosa no, pero la gente es avariciosa.

El viejo Crule, con ayuda de algunos asistentes, había descubierto un número considerable de artefactos en una excavación, pero... se los acabó enseñando a otros, aunque sabía que no debía hacerlo. Y entre estos, estaba el otro vice-presidente, Baisen.

—... pero eso no es motivo suficiente para pensar que el vice-presidente Baisen sea el culpable. Es posible que los rumores fuesen difundidos por uno de los asistentes en la excavación, y alguien que los escuchara fuese el culpable...

—No, está claro que el culpable es el vice-presidente Baisen. Sin duda. Lo creo así.

... tiene unas creencias un tanto raras...

—... entonces, ¿por qué le mostraste los objetos excavados a alguien así?

—Oh, pues porque quería fardar y hacer que tuviese envidia. —respondió Crule con tono natural.

... bueno, hay mucha gente así, que les gusta mostrar sus pertenencias a otros... pero esta persona, dejando a un lado sus habilidades lingüísticas, parece tener toda una personalidad.

—... por cierto, pido perdón de antemano por la inconveniencia, pero me gustaría estar segura. ¿Tiene alguna evidencia de que el artefacto robado fuese suyo para empezar?

—Vaya, así que piensas que pueda estar mintiendo...

—¡No, no, no! ¡nada de eso!

Noté algo extraño en su tono tranquilo, y moví la mano con cierto pánico. Era un tipo bastante listo. No me extrañaría que este viejo algún día generase algún escándalo conspiratorio.

—Lo cierto es que previamente ya tuve un trabajo en el que se me pidió que devolviese algo que había sido robado, pero tras una inspección exhaustiva, descubrí que no se había robado nada. La persona que me había contratado estaba intentando engañarme para que robase el objeto para él...

—Ya entiendo. Así que era eso. Aunque la evidencia, al ser algo excavado, no... ah, no. Si no recuerdo mal, había un talismán de plata entre los objetos encontrados. Removí la joya para limpiarla, así que aunque el talismán fue robado, aún conservo la joya. Si encaja perfectamente en el talismán, eso probaría que es mío.

Ya veo. Si así están las cosas, podía fiarme. Asentí.

—Comprendo. Entonces, ¿podía hablarme de las circunstancias cuando fue robado?

—Sí. Para eso será mejor tener una conversación más detallada con mi asistenta.

 

—¡Lo sientooooo! ¡Todo es culpa mía!

En cuanto le pedí que me explicase la situación, la asistenta de Crule-san comenzó a pedir perdón. Era una chica guapa de pelo corto, aparentaba tener unos veinte años.

—Está bien, Caroline-kun. —dijo Crule-san, pero no le hizo caso y siguió gritando.

—¡Aaaaaah! ¡Seguro que me despiden por eso! ¡Me echarán de la Asociación de Hechiceros, y mis padres me echarán de casa al no poder ir a la escuela! ¡Acabaré perdida en la calle y moriré sola! ¡Eso es, voy a morir! ¡Aaaaah! ¡No quiero morir!

... señorita...

—... ¿qué ocurre? Esto...—pregunté con tono dudoso.

—No, si es una asistente muy capaz... pero es un poco inquieta y tiene una tendencia a preocuparse en exceso. Está bien, Caroline-kun.

—¡Nooooooooo!

—Caroline-kun.

—¡Aaaaaaaaaah!

GAH

Sin cambiar su expresión facial ni decir nada, ¡de repente Crule-san le pegó una patada en la sien!

—¡Ah!

—... veo que finalmente te has calmado. —le dijo tranquilamente Crule-san mientras se revolvía con dolor por el suelo.

... este viejo da miedo...

—Por cierto Caroline-kun, no voy a despedirte así que ¿podrías contar un poco lo que ocurrió?

—... ¿seguro que no lo dices para darme esperanzas y luego despedirme más adelante? —logró preguntar al recuperarse del golpe.

—Nada de eso. ¿Acaso no es verdad que cuando tiraste la estatua dorada o cuando rompiste la corona de plata, lo único que hice fue pegarte y patearte hasta que no podías moverte?

... es un poco demasiado...

En cualquier caso, me acabó contando lo que había ocurrido. Aquel día, Crule-san le había entregado el talismán sin la joya y el resto de objetos para que terminara de limpiarlos durante la tarde en el cobertizo que se encontraba en el patio trasero. Tras cenar fuera recordó que había olvidado cerrar la puerta del cobertizo, por lo que regresó... y los objetos de la excavación habían sido robados.

En ese momento Crule-san le dio un gancho de derecha a Carol sin ningún tipo de aviso, pero eso es otro asunto.

—Mmm... ¿hay alguna otra cosa en lo que te hayas fijado que pudiera ser una pista?

—No, pero... ¡Lina-san! ¡Deja que te ayude con esta tarea! —dijo Carol, apretándose el puño contra su pecho y con mirada llorosa.

—Pero Caroline-kun, esto...

—Sé que es peligroso. Pero, ¿qué objetos han sido robados? No lo sabrás a menos que te acompañe alguien que los conozca, y más importante que eso, ¡todo fue por mi culpa! ¿Cómo podría no hacer nada y dejar que no se recuperasen los objetos robados? ¿Cómo tener tal responsabilidad?

... seguramente no quiere que Crule-san acabe con ella...

—Mmmm... Caroline-kun, entiendo cómo te sientes... ¿qué piensas, Lina-san? ¿Podría ayudarte en tu trabajo?

—¡P-Pues claro! ¡Seguro que es de mucha ayuda! ¡Hahahaha! —respondí con una sonrisa tímida.

Hablando en plata no es más que un obstáculo, pero considerando sus sentimientos y la personalidad de Crule-san, no podía negarme sin más.

Y así... Carol y yo formamos equipo para recuperar el tesoro.

 

—Aquí es. Ésta es la casa del vice-presidente Baisen. —susurró Carol.

Estábamos en un acantilado a las afueras de la ciudad. Una casa con hiedra subiendo por todas sus paredes y la luna llena al fondo. Por supuesto, había murciélagos volando cerca. Así era la casa del vice-presidente Baisen.

—Pero... ¿no es demasiado sospechosa?

—Por algún motivo, se diseñó basada en la creencia de que la casa de un investigador debía verse así...

—¿No es otra manera de decir que se tienen “aficiones sospechosas”?

—Creo que nadie me lo ha dicho nunca antes de esa manera.

... ya veo...

Ya era más de medianoche. Todas las luces de las ventanas de la casa se habían apagado.

—Vamos, Carol. Sobra decirlo, pero intenta ser lo más silenciosa posible y no hagas ruidos fuertes.

—Sí, lo entiendo. Si me descubren, me tratarían como una ladrona sin duda alguna, y al final me enviarían a prisión, completamente abandonada por la sociedad, y viviendo una vida solitaria... si ése es el caso, ¡sería una buena idea que cuando me descubriesen me atacasen sin dudarlo! ¡Aaaaaah! ¡No quiero morir!

... es muy ruidosa...

Dill Brand.

¡GUAAAAAH!

—... si no te relajas un poco, me acabarás cabreando. —le dije mientras aún se estaba recuperando de recibir mi hechizo.

—... ah... pero si... ¡si ya estás cabreada! —protestó Carol, levantando la voz.

La batalla épica para recuperar el tesoro: continuará

 

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