Lost Slayers
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A continuación podréis encontrar la traducción al español del primer capítulo de la primera novela de la saga Slayers Special, llamado Saillune no ouji ("el príncipe de Saillune"), en el cual Lina tiene su primera aventura conocida en solitario, encontrándose con el primer heredero al trono del Sagrado Reino de Saillune, el príncipe Filionel El Di Saillune. Cualquiera que haya visto el anime recordará que esto pudo verse en el episodio 11 de la primera temporada de TV, si bien aquí la historia fue bastante adaptada para poder añadir a la trama tanto a Gourry como a Ameria. Pero, dejando de lado esto y otras pequeñas diferencias, la historia es básicamente la misma.

La traducción está hecha directamente desde el japonés, usando como base los scans del guidebook Slayers DX, y utilizando para las imágenes los scans originales de la publicación del capítulo en el número de Octubre de la Dragon Magazine de 1989.

Traducción, adaptación y revisión: shansito
para Lost Slayers – http://www.lost-slayers.net

Todo lo perteneciente a Slayers es © Hajime Kanzaka, Rui Araizumi, Kadokawa Shoten y otros, según proceda.

Proceso de traducción: página 34/34 - 100% ¡completa!

_________________________________________________________________________________________________________________________

 

—Disculpa, ¿no serás una hechicera por un casual? —dijo una voz procedente de un hombre no muy grande.

Me encontraba en una pequeña posada, tomándome un segundo plato de algo que me recomendó la camarera. Tras mirar brevemente al hombre, asentí ligeramente con la cabeza, ya que aún estaba comiendo y tenía comida en la boca, y sin contar lo lógico de la respuesta. Mi atuendo, todo de negro, consiste en una capa y una túnica (ya que en verano hace mucho calor), una cinta en la frente y un colgante, además de una pequeña daga atada al cinto y adornada con una joya no demasiado común como amuleto. Si esto no grita a voces que soy hechicera, no sé qué más podría hacerlo. El hombre me sonrió. Tenía aspecto de ser un sacerdote, aunque aún parecía ser muy joven y era bastante atractivo. De ese tipo que, a pesar de envejecer, siguen siendo guapos.

—Cuánto me alegro... llevo buscando bastante tiempo, pero en una aldea tan pequeña como ésta es difícil encontrar a alguien que se maneje en el combate...

—¿Combate? —pude decir a pesar de seguir aún con la boca llena, cosa de la que no parecía haberse dado cuenta, por lo que tuve que tragarme lo que aún estaba masticando.

—Puede ser un buen trabajo, si estuvieras interesada en ayudar...

—De momento cuéntame más sobre de qué trata —dije con un tono despreocupado. He perdido la cuenta de cuántos trabajos no he acabado aceptando en lugares como éste. Pero así es la vida.

—Entonces, si me acompañas a la mesa del fondo...

—Antes de eso... —dije levantando una mano para que dejase de hablar—. ¡Señora! Lléveme el resto de platos a la mesa del fondo.

—¡Muy bien!

Al girarme, me di cuenta que el hombre me miraba con los ojos entrecerrados. No era una buena señal.

—Bueno, vamos —dije en un tono calmado y guardándome para mí lo que pensaba. Y aquél hombre seguía mirándome.

Al llegar a la mesa del fondo, había alguien esperando. Era un hombre barbudo, de constitución fuerte, aparentando tener unos cuarenta años. Por alguna razón, me dio la impresión de tener el aspecto de un enano que hubiera crecido demasiado, y también que tenía el aspecto que tendría un jefe de una banda de ladrones que asaltasen a la gente por los caminos. No es de extrañar que me pusiera tensa. ¿Para qué querría un tipo así a una hermosa y joven hechicera (sí, me refiero a mí, por supuesto) como compañera? No podía ser nada bueno...

—Encontré a alguien —dijo cortésmente el hombre que me acompañaba.

—Bien —dijo el hombre asintiendo gravemente.

Teniendo como tenía a una dama ante sí, no hizo ningún ademán de levantarse. No podía esperar más de ladrones de tercera clase. Empezaba a pensar que iba a arrepentirme de escuchar la proposición de semejante gente.

—Siéntate, por favor —me dijo el primer hombre, señalándome la silla enfrente del otro hombre. Me senté en silencio, sin bajar la guardia en ningún momento—. Antes de comenzar, necesitarás una prueba para saber quién soy —dijo el hombre mirándome de una forma que daba a entender que no era una persona ordinaria. De improviso el hombre se levantó, sacó una daga y la clavó en la mesa, de forma que pudiera ver claramente la empuñadura. Ésta tenía un diseño ornamental algo tosco, pero que aparentaba ser el de un escudo de armas que me sonaba familiar...

Espera... ese escudo es el de...

—Exactamente.

No es que fuese ya necesario, pero al acompañante del hombre se le hinchó el pecho de orgullo al decir lo que ya era evidente.

—Quien tienes delante no es ni más ni menos que el primer sucesor al trono de Saillune, su excelencia el príncipe Filionel El Di Saillune.

...........................

Habiéndose quedado pillada por la silla, la capa se me rasgó con un sonido fuerte, y poco a poco, me fui deslizando por la silla y caí al suelo. Y en ese momento, entendí la implicación de lo que tenía ante los ojos. Cuando se piensa en un príncipe, a nueve de cada diez personas lo primero que les viene a la cabeza es la idea de alguien cabalgando un caballo blanco, y de esos nueve, ocho buscarán al momento otra forma más sofisticada de expresarlo. Para resumirlo, la palabra "príncipe" suele relacionarse con la imagen de un "elegante y hermoso noble de alta cuna".

Y hasta hoy, eso es lo que yo creía.

Había oído el rumor de que el príncipe Filionel de Saillune se encontraba realizando un viaje de incógnito. Sabiendo eso, había pensado que podría encontrarme por casualidad en el camino al príncipe, quien era seguro que quedaría prendado de mis encantos y mi poder mágico, y el bello príncipe me propondría matrimonio en ese mismo momento, y a partir de entonces viajaría junto a él en su carroza. Desde luego era un buen plan. Pero ahora ese plan se había hecho añicos. Al menos, después de todo, puedo decir que es único.

Yo diría que no es nada inteligente que un supuesto príncipe tratase de engañar a una hechicera, sobre todo si arriesga la vida, ya que si se descubre a una persona haciéndose pasar por alguien de la realeza, el castigo es la pena de muerte. Veamos... si actualmente el rey está a cargo, el príncipe debería tener entre 20 y 40 años. Es verdad que no recuerdo haber oído qué edad tenía el "príncipe" de Saillune. Es decir, tenía en mente la imagen idealizada del "príncipe de Saillune". Pero... la realidad resultó ser muy dura...

—¿Te encuentras bien?

—Claro que no me encuentro bien.

La voz del hombre sonaba realmente preocupada, así que hice lo que pude por levantarme y volver a sentarme en la silla.

—Voy de incógnito, así que te pido que no lo comentes con nadie.

—Ah, y yo soy su sacerdote y ayudante, Randy. ¿Puedes decirnos cuál es tu nombre?

—Lina. Lina Inverse.

Apenas si me dió tiempo a terminar de decir mi nombre cuando el hombre (me niego a llamarle príncipe... es una crueldad...) y Randy gritaron sorprendidos a la vez. No es de extrañar, ya que soy una celebridad.

—¡Entonces eres esa chica hechicera!

—¡Lina, la asesina de ladrones!

¡¿Qué?! Pensé mientras volvía a caerme de la silla. Y de nuevo se me rasgó la capa. ¡¿A qué viene eso?!

—Bueno, no son más que rumores.

—Dicen que tienes una fortuna que has conseguido robando y tú sola acabaste con un grupo de más de mil bandidos y que te quedaste con todos los tesoros que habían robado.

¡Mentiras! ¡Todo mentiras! Era una exageración, ni mucho menos eran tantos. Pero tal desinformación era preocupante. Aunque parte de la información que dijo Randy era cierta, no ataco ni robo a nadie... salvo a grupos de bandidos. No es un crimen atacar a aquellos que oprimen a los ciudadanos. Y reconozco que me encanta derrotar a todo ese tipo de gente. Ejem...

Además, y sobre todo, los hechiceros deben ayudar allí donde sean necesitados. Créelo o no, pero aquellos que se encuentran en las cercanías de Saillune viven con suficientes lujos como para que la comida sea un mero juego más. Hasta podría irse a una tienda de artículos mágicos que sea mínimamente grande y pedir un plato lleno de fruta de Braudia. Es algo que cualquier persona daría todo lo que tuviese por poder probar.

Me acuerdo de una vez que volvía a casa, pasé por un pequeño castillo donde le compré a un soldado, por una buena cantidad de dinero, un poco de medicina Bamun que llevé a mi hermana para que se la diera a un gato abandonado al que estaba cuidando. Aunque sobre todo también recuerdo ese encantador momento en el que acabé por completo con cinco bandas de ladrones. Supongo que puedes achacarlo a la impetuosidad juvenil.

...........................

Será mejor que lo dejemos. En cualquier caso, hay gente que me llama con algunos nombres extraños, pero no es malo... o eso creo.

—Bueno, pero ¿a qué viene eso de "chica hechicera" y "asesina de ladrones"?

—Según los rumores, así es como Lina Inverse se da a conocer a sí misma... —empezó a decir Randy.

—¡Ni mucho menos me hago llamar así!

—Bueno, bueno, está bien —dijo el hombre mayor con cierto tono apaciguador... que no sirvió de mucho.

—Será mejor que me llames Fil. Es posible que haya espías que puedan oirnos hablar y escuchen el nombre de Filionel si lo mencionas.

Eso sí que pude aceptarlo al momento. Tener que llamarle "príncipe" habría sido demasiado para mí, y habría hecho que tuviese ganas de salir corriendo.

—Y ahora, nuestro asunto... ¿Randy?

—Sí —respondió el sacerdote y comenzó a explicar el trabajo que tenían entre manos.

Se trataba de un asunto bastante común. En las cercanías de una aldea se encontraba una cueva infestada de todo tipo de criaturas salvajes. Y no es sólo que ataquen la aldea y maten a sus reses, sino que además habían robado un importante orbe mágico con capacidades curativas de una tienda de objetos mágicos. Por un casual, Fil se enteró del asunto mientras se encontraba en un viaje de incógnito, y decidió, por su cuenta y riesgo, embarcarse en la grandiosa tarea de acabar con los monstruos para ayudar a los habitantes de la aldea.

—Aunque sólo está Randy para encargarse de las bestias, ya que es una aldea muy pequeña como para tener soldados, y también es difícil que alguien quisiera ofrecerse voluntario. Por eso nos vendría bien que nos ayudaras —dijo Fil cuando Randy acabó su explicación.

—Sólo Randy... ¿eh? Pero, ¿por qué no peleas tú? —pregunté sin poder contenerme.

—¡Por esto! —respondió Fil, acercándose de improviso a Randy y haciendo que éste retrocediera al instante.

Ya veo. Por un momento me había olvidado que Fil era el heredero al trono (sigo negándome a llamarle príncipe), ya que llevaba ceñida una espada bastarda que le confería bastante mal aspecto...

—Bueno... en un tiempo seré el responsable de encargarme del futuro de este país, y tendré que pelear por el bien de mis súbditos —fijo Fil con una expresión de preocupación. Al parecer, no contaba con la típica estupidez natural que suele aparecer en las familias aristocráticas. Era un alivio —. Pero al contrario de lo que pueda parecer, resulta que soy pacifista.

—¡Me tomas el pelo! —grité sin poder contenerme. Es algo que suele pasarme. Aún así, Fil siguió hablando como si nada.

—Aunque os encarguéis vosotros de esta sagrada misión, yo os acompañaré. Así además me aseguraré de poder recuperar lo antes posible el orbe robado a la tienda de magia y poder así llevárselo sin más dilación a los enfermos que esperan su tratamiento. Por supuesto, por esto te ofrecería una remuneración...

—¡Oh! ¡Acepto encantada! —dije sin necesidad de saber nada más.

Lo cierto es que había una fuerza abrumadora en la alegre voz de Fil, en comparación con el tono monótono de Randy.

—Entonces, lo mejor será que preparemos inmediatamente nuestra partida...

—Antes de eso, imagino que el sacerdote Randy podría usar un hechizo para curar a la gente que esté enferma en la aldea...

—Ejem —tosió Randy algo incómodo—. Lo que ocurre es que lo de "sacerdote" realmente no es más que un título que me otorgaron por el puesto que tengo. Lo cierto es que sé usar poco más que un Recovery... ¿y tú?

—Un momento —interrumpió Fil, que había estado escuchando nuestra conversación con una cara llena de asombro—. Entonces, ¿el Recovery se utiliza para curar enfermedades?

...........................

¡¿Y ése pretendía ser el heredero al trono de Saillune?! Tuve que esforzarme todo lo que pude en no ponerme a gritarle. La cuestión es que a Saillune se la conoce también como la ciudad de la magia blanca, por lo que sería lógico pensar que su gobernante tuviera un cierto conocimiento de la misma... o al menos así debería ser. Pero, después de todo, ya me había engañado a mí misma con la imagen que alguien así debería dar.

Todo ser vivo tiene una cierta capacidad natural de curar las heridas que pueda sufrir. Un hechizo curativo, como el Recovery, potencia temporalmente esa capacidad innnata, haciendo así que las heridas se curen más rápidamente. Pero el caso de una enfermedad es distinto. En una enfermedad, entran al cuerpo unos seres a los que los hechiceros conocen como "bacterias", elementos malos que son los que causan la enfermedad. Si en este caso se utiliza un hechizo curativo, también se potenciará el efecto de estas "bacterias", haciendo que entonces los efectos de la enfermedad se vuelvan peor aún en lugar de mejorarla.

Recuerdo una vez hace tiempo, antes de empezar a salir en mis viajes, cuando aún era una novata en esto de la magia y acababa de aprender a usar el hechizo Recovery. Resulta que a mi hermana le había dado un pequeño resfriado de verano, y yo, con toda la confianza del mundo, usé el hechizo con ella... provocando que el resfriado empeorase y deteriorara en una neumonía. Fue una historia divertida. Aunque una vez que se le pasó, me dio una paliza. Puede que sea un poco prejuiciosa, pero no creo que pudiera comprender una explicación así.

—Bueno, podría decirse que sí.

—Ya veo, ya veo —dijo Fil, aparentemente comprendiéndolo.

Yo preferí no decir ni una palabra.

No tardamos mucho en llegar al lugar, no estaba demasiado lejos de la aldea. No tengo muy claro por qué, pero Fil estaba llevando una coraza de cuero, y Randy llevaba una túnica bastante rasgada. Pero bueno, no es que importara mucho.

De camino a la cueva nos encontramos con una hermosa cascada. Hacía calor y no dejaba de sudar, así que no lo pensé mucho y decidí darme un baño relajante. El agua estaba bastante fría, por lo que sin pensarlo mucho, usé un Fireball para calentarla. Lo sé, soy genial. Por desgracia, el inesperado ruido hizo que Fil y Randy vinieran corriendo. Sobra decir la vergüenza que pasé, por lo que, sin realmente poder contemerme, les lancé un Mega Brand. Después de todo, soy una hermosa y tímida doncella. Y tampoco podían quejarse mucho, ya que a pesar de todo, les curé a los dos.

En cualquier caso, tras ese pequeño incidente seguimos nuestro camino, y enseguida ante nuestros ojos se encontraba la oscura entrada a la cueva, que realmente era enorme y perfectamente podría haber cabido un edificio dentro.

—¡Adelante! —gritó Fil.

—¡Sí! —dije yo elevando la voz y dándole un tono profesional.

Randy prefirió quedarse callao y tan solo asentir.

Una vez que entramos pude ver que el interior era igualmente muy espacioso, pero aún así supondría una restricción cuando las posibles hostilidades comenzasen. En un sitio tan cerrado no podría utilizar indiscriminada y salvajemente mis especialidades en magia de ataque, como el Fireball, el Mega Brand o incluso el Drag Slave. Para que no haya malententidos, es cierto que me encanta lanzar hechizos como los que he mencionado. Supongo que será debido a mi disposición natural. Así que no me juzguéis, que eso es de mentes estrechas. He dicho.

En cualquier caso supongo que será lo mejor, ya que no sería nada bueno que el techo se nos pudiera caer encima. Eso sí, no habría ningún problema de utilizar otros hechizos menores, como el Lighting que usé sobre mi espada corta para ir iluminando el camino, yendo a la cabeza del grupo.

—No me gusta nada este lugar —dijo Fil—. Es demasiado oscuro y húmedo. ¡No puedo entender cómo pueda haber criaturas a las que les guste vivir aquí!

¡Aaaah! ¡Cállate! Los dos se encontraban detrás mía, y eran bastante más altos que yo.

—¡Silencio! —le dije girándome rápidamente y sin amedentrarme por su tamaño. De repente me detuve. No porque ya no aguantara más, sino porque noté que había algo que se encontraba delante nuestra.

—¡Hay algo ahí!

—¡¿Dónde?! —preguntó Fil a toda voz. Al menos Randy tenía la decencia de seguirnos sin hablar, y sin apenas siquiera que se notara su presencia.

Pronuncié unas pocas palabras, y de mi mano derecha surgió una pequeña esfera de luz que subió hasta el techo. Una vez en lo alto reveló las paredes mohosas de la cueva, y también a un grupo de diez orcos que se encontraban delante nuestra.

—¡Vaya, qué tiernos!

—Yo me encargaré de estos con un simple Flare Arrow —dije dando un paso adelante.

Aunque no creo que una explicación sea necesaria, diré que éste es un hechizo de ataque. Cuando se tiene bastante práctica, con este hechizo se harán aparecer múltiples flechas. Cuando me encuentro en perfecto estado lo que acabo creando es más bien una lluvia de fuego. Por supuesto, es que soy la mejor.

Por cierto que cuando ya estaba a punto de lanzar el hechizo me fijé en que los 10 orcos se habían convertido ahora en 20, pero no era algo que me importara.

—¡Un momento! —gritó Fil con voz potente—. ¡No hay que provocar muertes innecesarias! ¡Yo les convenceré!

¿Eh? Me quedé que no sabía qué hacer, mientras que Fil avanzó para interponerse en el camino de los orcos.

—¡Escuchadme, orcos! —comenzó Fil su persuasión... en el idioma de los humanos—. ¡Hemos venido aquí a recuperar el orbe que ha sido robado! ¡Si resulta que lo tenéis con vosotros, entregádnoslo ahora mismo! ¡Si no lo tenéis, apartaos de nuestro camino! Yo soy pacifista y respeto toda la vida, ¡pero si no hacéis caso a mi advertencia, me apartaré y dejaré que esta brutal hechicera acabe con vosotros!

¡¿Quién es una brutal hechicera?!

—¿Y bien? ¿Qué haréis? —acabó diciendo Fil dando un paso adelante.

Los orcos dieron algunos pasos hacia atrás. A pesar de que son incapaces de entender el lenguaje humano, podían entender a la perfección el lenguaje corporal de Fil. Hasta a mí me costaba no salir corriendo.

—¡¿Y bien?! —gritó Fil dando otro paso hacia adelante.

Y sin más, los orcos se dieron la vuelta y escaparon a toda prisa.

—¿Lo véis? —dijo Fil entre grandes carcajadas—. ¡Aunque no entiendan el idioma, comprenden la sinceridad del corazón, y esta sinceridad puede persuadir a cualquiera sin problemas! ¡Lo que acaba de pasar es la prueba! ¡Ésa es la grandeza del pacifismo!

...........................

Ni mucho menos pienso yo así.

Por alguna razón, la presencia de Randy se notaba cada vez menos, pero la de Fil se notaba tanto que valía por los dos. En cualquier caso, seguimos avanzando hacia el interior de la cueva.

Lo próximo que nos encontramos fue un ogro de tamaño considerable. Esta vez ya me imaginaba que la "persuasión" de Fil no funcionaría.

—Por fín me toca a mí —dije pasándole mi espada corta a Fil. Coloqué las manos hacia adelante y recité un hechizo.

—¡Balus Rod!

De la palma de mi mano se extendió un gran látigo de luz que podía mover de un lado a otro para atacar al ogro sin descanso.

—¡Llámame reina!

Con este chiste incomprensible ataqué al ogro hasta que lo reduje a cenizas. Un gran aplauso, por favor.

—¡Y ahora un trol!

Los trols son unas criaturas con una habilidad regenerativa increible. Serían incluso capaces de curarse instantáneamente aunque recibieran diez mil heridas simuntáneamente.

—¡Dam Brass! -, grité, haciendo saltar en pedazos la cabeza del trol con mi hechizo.

—¡Ah! ¡Un minotauro!

—¡Dig Volt!

—¡Una salamandra!

—¡Lybriem!

—¡Un vampi...

—¡Assha Dist!

—Todo esto me empieza a parecer algo raro, ¿no? —dijo Fil.

—¿Ah, sí? —pregunté. Lo cierto es que hasta ahora no habíamos visto ni rastro del orbe. Supongo que tendríamos que seguir adelante.

—En fin, sigamos.

Continuamos avanzando en línea recta adentrándonos cada vez más en la cueva. Realmente era un lugar muy profundo.

—Ah, qué asco —dije apartando una telaraña enorme que había crecido a baja altura alrededor de una fina cuerda.

Espera... ¿una cuerda?

Antes siquiera de darme cuenta, de repente oimos un ruido enorme. De alguna manera, intuía que era un ruido como de algo rodando. Con aprensión, me fui dando la vuelta despacio. Vaya... me lo imaginaba. Hacia nosotros se dirigía una enorme roca redonda que iba dando tumbos a lo largo del camino por donde habíamos venido. Ya sabéis, es la típica trampa que puede encontrarse en cuevas o mazmorras en cualquier saga de aventuras.

...........................

¡Éste no es momento de dar explicaciones!

—¡Aaaaaah!

Fil y yo echamos a correr por la cueva, codo con codo. Por desgracia la cosa fue a peor, ya que el camino empezó a descender, haciendo que la roca se nos acercara a mayor velocidad. Esto no pintaba nada bueno.

—¡Haz algo! ¡Usa algún hechizo!

Pero si utilizaba algún hechizo para pulverizar la roca que nos perseguía, también derrumbaría las paredes de la cueva y acabaríamos enterrados vivos. No es ni mucho menos algo que me gustase que pasara. Pero, de repente, se me ocurrió una idea.

—¡Déjalo en mis manos! —le dije guiñándole un ojo y levantando el pulgar, mientras iba preparando mi hechizo. Cuando estuve preparada, me giré para encararme a la roca.

—¡Flare Lance!

Puede decirse que este hechizo es una versión potenciada del Flare Arrow, haciendo como si todas las flechas impactaran en un mismo lugar. De esta manera, puede hacer que incluso el hierro se funda por el calor que genera, de forma similar a como ocurriría con un Fireball. En cualquier caso, el hechizo impactó con la roca y la atravesó.

—¡Idiota! —me gritó Fil cuando la roca se convirtió de repente en una masa informe de lava ardiente que continuaba persiguiéndonos y casi alcanzándonos, haciendo que el aire se calentara enormemente—. ¡¿Cómo que lo dejara en tus manos?! ¡Si hemos acabado estando peor!

Qué poca confianza que tenía en mí. Pero yo ya estaba inmersa en preparar mi próximo hechizo.

—¡Icicle Lance! —grité girándome de nuevo.

—¿Y ahora qué...? —comenzó a decir Fil, pero se quedó sin palabras al ver el resultado. Lo que quedaba de la roca y la masa de lava quedó reducida a cenizas y pequeñas piedras inofensivas.

—Bueno, ya está —dije sonriendo con toda la tranquilidad del mundo.

—Pero, ¿qué ha pasado? —preguntó Fil sorprendido.

—En resumen, me he servido de la diferencia de temperatura.

—...

No parecía que Fil comprendiese lo que quería decirle, así que tuve que explicárselo un poco mejor.

—En resumen, es muy parecido a cuando echas agua helada sobre un jarrón de barro que esté muy caliente, que acaba saltando en pedazos.

—¡Ah, ya entiendo! —dijo, comprendiéndolo al final. Parecía que ya estábamos a salvo, pero...

—¡¿Eh?! —dije de repente, dándome cuenta de algo.

—¿Qué ocurre?

—¡Randy ha desaparecido!

—¡Ah, es verdad!

De alguna forma, la presencia del sacerdote que se había ido notando cada vez menos, había desaparecido por completo.

—Bueno, da igual, ya le encontraremos —dijo Fil con toda la tranquilidad del mundo.

—Está bien —le respondí. No iba a preocuparme yo más que él.

¡Por fin nos acercamos a la escena final!

Muy en el interior de la cueva llegamos a una extraña habitación donde nos estaba esperando alguien con aspecto de hechicero. Está claro que esto está llegando a su fin.

—Le estaba esperando, príncipe Filionel.

—¡Noooooooo! —grité sin poder contenerme ante lo que había escuchado.

—¿Eh?

—¡¿Por qué has tenido que llamarle príncipe?!

Todavía no había superado el trauma de haber destrozado mi imagen idílica de un príncipe. Era demasiado para mí y me daban ganas de escapar de esta realidad. Reconozco que estuve a punto de lanzarles un Fireball a los dos.

—No entiendo a qué viene eso —dijo el hechicero de manto negro con una voz molesta—. En cualquier caso, aquí acaba vuestro viaje.

¿Pero qué se piensa? Si tiene ante sí a la gran Lina.

—¿Por qué quieres acabar con una persona tan gentil y tranquila como yo?

¿De quién habla?

—Porque yo se lo pedí —dijo la voz de un hombre, y vimos una sombra acercarse.

—¡Randy! ¡¿Por qué?!

Ya veo... eso explica por qué antes se iba notando cada vez menos la presencia del sacerdote Randy. Fil parecía enfadado y a punto de dar voces, pero yo prefiero hacer las cosas más tranquilamente.

—Ya me imaginaba que tú estarías tras todo esto —dije con calma, poniendo las manos en la cintura.

—¡¿C-Cómo?! —gritaron todos a la vez y dirigiendo sus miradas hacia mí.

—¡Maldita, ¿desde cuándo lo sabes?! —dijo aquél tipo (ni me molesto ya en llamarle por su nombre) temblando. Por supuesto, me lo estaba inventado. La verdad es que no había tenido idea alguna de esto, pero valía la pena decir algo así para intentar sacar provecho de la situación.

—Como sea —empezó a decir ese tipo—. A pesar de que soy el tercer heredero al trono, ¡nunca se me toma en serio gracias a tu sempiterna presencia!

Ya voy entendiendo, así que es por eso... espera... ¡¿qué?!

—¡¿Tercer heredero al trono?! —pregunté a voces sin poder contenerme, mirando a Fil—. ¿Es verdad?

—Lo es —dijo Fil sin más.

¡Un momento! ¡Esto no es más que una riña familiar!

—Además, ¡no das la imagen que debería tener un rey de Saillune!

¡Eso es verdad! Pero aunque Randy tenga mejor presencia, yo desde luego no lo elegiría.

—Ya veo —empezó a decir Fil—. Hace medio año un asesino intentó acabar con mi vida, lo que me pareció extraño. Pero ahora que lo pienso, eso sería cosa tuya.

Qué perspicaz.

—Le pedí a este hechicero que esperara aquí para ayudarme.

—Entonces, el asunto de acabar con las criaturas...

—Por supuesto, todo me lo inventé para atraerte.

—Entonces no hay nada más. Nos has atraido aquí para matarnos sin más, ¿no es así?

—Así es.

Pero qué tipo más simple.

—¿Y qué harás cuando te hagas con el reino?

—¿Eh?

Creo que es una pregunta bastante sencilla, pero de nuevo Randy se quedó sin saber qué decir.

—¿Que qué haré? Pues... esto... no sé, pero será divertido, ¿no?

¡Pero qué tío más lerdo! Normalmente cuando alguien quiere convertirse en rey es para dominar el mundo o acabar con él.

—¡No te lo permitiré! —gritó Fil con el pecho henchido.

—Haz lo que quieras, pero esta cueva será tu tumba. ¡A por él! —le dijo Randy a su hechicero haciéndole un gesto que a mí me pareció innecesario. Éste elevó la voz para entonar algo.

—¡Ven, nuestro aliado brass-demon, Garundia!

De improviso, una luz apareció en el suelo, formando un círculo mágico. No lo entendía del todo, pero parecía ser un círculo de invocación, y del mismo surgió una gran sombra oscura que fue poco después iluminada. Un brass-demon.

—Los mazoku no son amigos de nadie precisamente —dije.

—¡C-Cállate! —dijo el hechicero con tono serio.

Un brass-demon. Aunque no se diferencian físicamente demasiado, tienen más poder que los lesser-demon. Claro que no se necesitan hechizos demasiado poderosos para acabar con ellos, y conozco bastantes de esos hechizos, pero el problema es el no poder usarlos en este subterráneo. Había que pensar qué hacer. Y rápido, porque la criatura se estaba acercando. Bueno...

—¡Escúchame! ¡Quieres acabar con mi vida, y para ello, has querido dañar a nuestros súbditos, y además, te has aliado con esta aparición! ¡Aunque sea un pacifista, no podré perdonar tales actos! ¡Prepárate para recibir el castigo de la justicia! —gritó Fil apuntando con un dedo al brass-demon, y a continuación salió corriendo hacia él.

—¡O-Oye, espera! —alcancé a decir para intentar detenerle, pero...

—¡Golpe pacifista!

Aunque no acabé de comprender el nombre de la técnica que estaba utilizando, dañó al brass-demon con sólo un puñetazo directo al pecho.

¡No me lo creo!

—¡Patada inofensiva contra hombres y bestias! Levantando del suelo al demonio como si no pesara nada, lo lanzó por el aire hacia donde se encontraban Randy y el hechicero, aplastándolos contra un muro.

—¡Contemplad la fuerza del pacifismo!

Yo me había quedado quieta, mirando sin poder hacer nada. Vaya con el pacifista.

—Bueno, al final todo salió bien.

Habíamos regresado a la aldea para devolver el orbe a la tienda de magia. Fil me pagó la cantidad que habíamos acordado, y entonces dijo que iba a regresar a la capital real.

—Espero que no te hayamos causado muchos problemas.

Pues sí que me los dísteis.

—Espero que nos volvamos a ver más adelante.

Yo espero que no nos encontremos nunca más.

—Entonces, adiós.

Que sí, que sí.

Y sin más, se dió la vuelta y comenzó a alejarse por el camino. Yo me quedé ahí mirando un rato más. No es que hubiera nada raro en el ambiente. Es que todavía me encontraba en estado de shock. Me llevó un buen rato reaccionar.

¡Y dice que es pacifista!

Y aún así, me quedé un buen rato más contemplando el paisaje en aquél lugar.

Vaya líder que tendrá el país...

(Príncipe de Saillune – Fin)
 

 
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